La cuarta es la vencida

¿Cuántas veces se ha mudado tu iglesia? ¿Una vez? ¿Dos? ¿Tal vez nunca?

La mayoría de las iglesias nunca han tenido que mudarse. Sin embargo, los miembros de la Iglesia Adventista de Villa Centro, en San Pedro di Macorís, República Dominicana, han tenido que hacerlo cuatro veces.

Esta congregación nació cuando otra iglesia de la región, Sendero de Esperanza, se llenó demasiado para dar cabida a todos sus miembros. Un pequeño grupo de miembros decidió comenzar una nueva congregación, no solo para tener más espacio, sino también para establecerse en un lugar donde todavía no había presencia adventista.

Al principio, la congregación se reunía en un edificio improvisado en la propiedad de uno de los miembros. Después de un año, alquilaron un cuarto en una casa. Más adelante, cambiaron otra vez a una estructura ubicada en un terreno que pertenecía a la Iglesia Adventista.

El interior del edificio era oscuro y lúgubre. El intenso calor del Caribe hacía que el lugar fuera muy incómodo para los miembros. No había baño ni espacio para guardar el equipo necesario. Aun así, representaba una gran mejora con respecto a los lugares anteriores, donde habían tenido que pagar alquiler o depender de la electricidad y los servicios de los vecinos.

A pesar de todo, la iglesia seguía creciendo, lo que complicaba aún más la situación. La congregación necesitaba un edificio nuevo, no sólo por razones de seguridad y comodidad, sino también para dar cabida al creciente número de miembros y visitantes.

–Pensábamos que era imposible, porque sabíamos que iba a requerir muchos recursos y nosotros solo éramos una comunidad pequeña. Pero Dios es el dueño de todo y sabíamos que él proveería, dice Cristina Valera Reyes, miembro de la iglesia desde hace muchos años.

Gracias a la generosidad de los donantes, Maranatha construyó una nueva iglesia en San Pedro de Macorís en 2026, en el mismo terreno donde se encontraba la estructura anterior. Este nuevo lugar es mucho más que un simple edificio: es un espacio donde los miembros pueden alabar a Dios con dignidad, invitar a sus amigos y vecinos, y mirar hacia el futuro con gozo y esperanza.

–Agradecemos a Dios, dice Cristina. –Este templo nos motiva a hacer aún más. Nos sentimos ricos, muy ricos de verdad. 

Por fin, la congregación ya no tendrá que mudarse, ya que Maranatha la ayudó a encontrar un hogar permanente.

Siguiente
Siguiente

Con lluvia o con sol: Maranatha en el Campamento Adventista Lawroweld